Nos faltaron cosas, contó a su regreso. No tenían heladera y los inviernos eran tan helados que dejaban la manteca en el borde de la ventana. El afuera era el mundo. Las cosas que debían conservarse iban a la ventana. Días inéditos e infinitos. Los ojos de un chaqueño en la Europa del Este. Afuera, a la intemperie, todo estaba en su sitio.
Mario tuvo que volverse de su viaje a Croacia porque su papá se estaba muriendo. Entre 2006 y 2007 vivió en Zagreb, capital de ese país balcánico. Cuando volvió me encontró mucho más flaco. Yo estaba deprimido y él estaba confundido. No hubo nada trágico en ese viaje, pero fue como un largo sueño del que aún no despierta del todo. En ese entonces ninguno sabía que sus cuadernos hoy serían este libro maravilloso que usted tiene entre manos.
Lucas Brito Sánchez
